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Emprendedores públicos
Por Ramón Cuevas Martínez - jueves, 16 de abril de 2020
“Cuando la única herramienta que se posee es un martillo,
cada problema empieza a parecerse a un clavo”
Abraham Maslowbr

Hace algunos años nos sorprendió la iniciativa de unos jóvenes y otros no tan jóvenes -todos talentosos- académicos de la Universidad de Madrid, que encendieron los motores de lo que es hasta hoy la red iberoamericana más importante de innovación en las administraciones públicas de dos continentes. Con algunos de ellos me une incluso una amistad que nació del interés mutuo por este interminable tema.

El experimento “Novagob” -así se llamó- fue incorporando ideas de diferentes partes del mundo, hasta conformar un laboratorio de innovación pública que funciona en un ambiente colaborativo, con temas fascinantes. En lo particular pedí su apoyo hace algunos años para desarrollar un modelo de presupuesto participativo, que significó tomar elementos de distintos lugares y aplicarlos exitosamente a la realidad municipal y estatal mexicana.

La parte que también llama la atención de Novagob, además de su grado de expertis, es que nació como una “startup” incubada en la Universidad, se trata de una empresa en etapa temprana de desarrollo, que, a diferencia de una Pyme, se basa en un negocio que será escalable más rápida y fácilmente, haciendo uso de tecnologías digitales.

Esta misma tendencia de nacimiento de startups que ayudan a la administración pública la registró un reciente artículo denominado “emprendedores públicos”, de la autoría de Iñaki Ortega, donde relata su experiencia externa de capacitación de funcionarios españoles, que consistió en generarles capacidades para entender la economía digital y su impacto en el diseño de las políticas gubernamentales. El programa fue reconocido por un medio especializado como una de las mejores 100 ideas del año 2016, y lo han cursado más de un centenar de servidores públicos de todos los niveles de gobierno.

Lo más sorprendente para mi persona, es el hecho de que pequeños startups son capaces de generar contenidos interesantes para detonar la innovación en todos los campos del conocimiento, incluyendo en las Administraciones Públicas.

La explicación es relativamente sencilla, y tiene que ver con la forma como funcionan las grandes empresas e instituciones, a diferencia de los startups, ¡ahí está la clave!

Las primeras son lentas y poco efectivas, muchas están muriendo porque no logran acceder a la ambicionada cultura de la innovación, siguen procesos y sistemas de trabajo que dependen de un liderazgo vertical, perdiendo las buenas ideas en algún lugar de la estructura.

Por el contrario, los startups trabajan demasiado rápido, su pequeñez les permite moverse al ritmo del mundo, entienden primero que nadie la dinámica de capacidades que requiere desarrollar el cliente, si no es así, lo investigan inmediatamente y generan contenidos para cubrir la necesidad detectada. Agreguemos a estos elementos el hecho de que trabajan en ambientes colaborativos donde priva la importancia del proyecto y no la importancia de la persona que lo lidera en la organización. Pronto desaparecerá la frase: “Todas las ideas las tiene que aprobar el director general”, o pronto desaparecerá la institución pública que tiene ese tipo de director general.

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